Nunca debí enamorarme de ella.
Emir
Sentía que el alma se me rompía en mil pedazos. Eché a mi hermana de la habitación y me dejé caer en la cama, ahogado en llanto. ¿Cómo era posible que Eiza me hubiera engañado con ese imbécil de Isaac Orlov? Siempre sospeché que había algo raro entre ellos, pero me negué a ver la realidad. Ahora, tenía las pruebas en mis manos. Claro, seguramente no le importé en absoluto. Se habrá enterado de mi accidente y, al ver que ya no podía estar con ella como antes, decidió traicionarme.
Me quedé