Katherine
Damon se fue de la habitación y me quedé sola, llorando. Lloré con todas mis fuerzas y me quedé quieta en la cama, hasta que un doctor entró en mi cuarto. Me sentí muy incómoda y tuve que intentar calmarme. El hombre que me atendía me observó con incomodidad.
—Puedo volver un momento después, si así lo deseas —sugirió, hasta que vio los moretones en mi cuerpo y se me acercó—. Pero ¿qué es lo que te ha pasado en los brazos? —Analizó mis brazos con preocupación—. ¿Hace cuánto que tie