Ariam le escudriñó el rostro a Damián, no podía creer que aquello que estaba diciendo ese hombre fuera verdad.
—No puede ser—, murmuró. —Eso es imposible.
—Puede que te cueste creerlo, querida—, dijo Damián con una sonrisa fría,—Pero es la verdad. Si investigas un pocos te darás cuenta de lo que te digo.
Damián le agarró la barbilla, pero Ariam la quitó de inmediato.
—Te lo dejo de tarea preciosa, que pases una linda noche —dijo el hombre dando media vuelta y marchándose.
La chica se quedó pens