CAPÍTULO 82

Ya estaba subiendo a la habitación de su jefe. Aunque, luego de encontrarse en medio del pasillo, se mostraba desorientada al no saber cuál era la habitación de Paul. Tuvo que abrir puerta por puerta, hasta quedarse en aquella que, al abrirla, se llenó de aquel exquisito perfume masculino, inundando sus pulmones. Al entrar un poco más, descubrió que el ambiente estaba saturado por ese magnífico aroma varonil. Olía muy bien.

Siguió avanzando hasta encontrarse de frente con una mesita
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