Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando era una niña, Madelaine le encantaba ir a la montaña con su abuelo Malcolm. Solía llevarse su cámara, esa que Stephen le regaló y tenía colgada de su cuello día y noche sin soltarla. La jovencita amaba la naturaleza, captar momentos únicos de los animales que habían en aquel lugar tan maravilloso. Se sentía en un paraíso, y a la hora de marcharse de allí le costaba mucho a la pequeña, hasta el punto de lloriquear. Su abuelo debía darle un dulce para que la niña no estuviera triste, él







