La Sra. Lark llegó a la Capital desde Ayashe al día siguiente. Alejandro no estaba en casa, dejando solo a Melanie, junto con su hija, esperando en la entrada para recibirla.
Melanie sabía lo que le esperaba, pero una gran parte de ella se negaba a creerlo o aceptarlo como realidad. ¿Cómo iba a hacerlo, cuando recordaba con cuánta vehemencia su madre se había opuesto a que su hija se casara con un hombre discapacitado? No le habría importado tanto si hubiera visto a Melanie como un simple peón,