Pasos se acercaron a la puerta. Melissa se apresuró a reconocerlo como el de su padre y saltó hacia su dirección con una alegría infantil. Su pequeña estatura hacía imposible que la niña alcanzara el pomo de la puerta, aunque no importaba, ya que un segundo después, la puerta se abrió suavemente desde afuera, como si quienquiera que entrara predijera la presencia de la niña estando detrás de ella.
Al ver a la pequeña Millie, Alejandro se inclinó y cargó a la niña en sus brazos. “Vamos, ¿parada