La Pecaminosa Propuesta de Mi Cuñado
La Pecaminosa Propuesta de Mi Cuñado
Por: Pretty Darlie
Capitulo 1

—¡Por favor, cariño!

Aria corrió una vez más hacia el hombre que creía que era su esposo y lo abrazó por la espalda antes de que pudiera terminar de hablar. Su cuerpo temblaba contra el de él, cálido y desesperado.

—No me hagas esto. ¿Qué hice mal? Dime qué debo hacer para que cambies de opinión. Haré lo que sea. Por favor... no me dejes. No destruyas lo nuestro...

Sus sollozos llenaron la lujosa suite, el desgarrador sonido de una mujer cuyo mundo entero se estaba derrumbando.

—¿Podrías dejar de interrumpirme cuando hablo? —gruñó Kayden, irritado al ver que ella seguía confundiéndolo con Jayden.

Aria se estremeció ante la dureza de su voz. Nunca antes había escuchado ese tono en labios de su esposo. Le atravesó el corazón, pero se negó a rendirse.

Era Jayden. Su Jayden.

Fuera cual fuera la tormenta que lo hubiera cambiado, ella la enfrentaría junto a él. Tenía que hacerlo.

Impulsada por la desesperación y el amor, apretó con más fuerza los brazos alrededor de su cintura, pegando su cuerpo al de él.

Levantó la vista hacia él con los ojos brillantes, llenos de lágrimas. Después, lentamente, se humedeció los labios de forma seductora, tal como había leído en aquellos artículos nocturnos que prometían "reavivar la chispa" del matrimonio.

La respiración de Kayden se entrecortó.

Las suaves curvas de Aria se amoldaban a su pecho, mientras el delicado aroma a lavanda mezclado con el cálido perfume de su piel lo envolvía como una droga irresistible.

Sintió cómo su cuerpo reaccionaba de inmediato. El corazón comenzó a latirle con fuerza, la garganta se le secó y la sangre le recorrió las venas con un calor abrasador, despertando una parte de sí mismo que creía enterrada.

Creía odiarla.

Creía que ni siquiera soportaba respirar el mismo aire que ella después de lo que le hizo años atrás... después de destrozar el futuro que él había imaginado ingenuamente cuando ella eligió a su hermano gemelo.

Entonces, ¿por qué reaccionaba así a su contacto? ¿Por qué cada caricia y cada provocación hacían que su cuerpo lo traicionara mientras el odio seguía ardiendo en su pecho?

¿Por qué ella?

¿Y por qué ahora?

—Lárgate —espetó con una voz que no admitía discusión.

—Por favor... no me rechaces —susurró Aria con la voz quebrada mientras nuevas lágrimas inundaban sus ojos—. No puedo soportarlo, cariño. Hazme el amor como antes... o como tú quieras. Soy tuya. Solo... no me eches de esta habitación.

Algo cambió dentro de Kayden.

Un aura helada emanó de él. Su mirada se volvió oscura, peligrosa, la de un depredador que acecha a una presa herida.

Los celos y la posesividad rugieron en su interior.

Ella debía ser mía. Solo mía. No de Jayden. De nadie más.

Y, sin embargo, allí estaba... ofreciéndose a él con tanta entrega, creyendo que era su hermano.

Cuanto más recordaba el pasado, más crecía la rabia en su interior.

Hasta que algo terminó por romperse.

Comenzó a desear aquello que había jurado olvidar.

Anheló todo lo que una vez soñó tener y que había encerrado en el rincón más oscuro de su corazón.

Estaba cansado de ser el maldito.

El que siempre quedaba atrás.

El sustituto.

El reemplazo.

Ahora quería ser el protagonista de su propia historia.

Ya no pensaba seguir viviendo en las sombras.

Pero, sobre todo...

La quería a ella.

Quería verla suplicarle.

Quería escuchar sus gritos mientras se retorcía debajo de él.

Lo quería todo.

—Está bien —dijo finalmente.

Aquellas dos palabras sonaron tan frías como el acero.

El alivio iluminó el rostro de Aria como el de alguien que sale a la superficie después de estar a punto de ahogarse.

—Gracias, amor... —susurró.

Se puso de puntillas para besarlo, pero la mirada gélida que él le lanzó la dejó inmóvil.

Con el corazón acelerado, cambió de dirección en el último instante y depositó un beso débil y tembloroso sobre su barbilla.

—Vas a obedecerme —ordenó Kayden con una voz baja y autoritaria—. No harás nada sin mi permiso. ¿Entendido?

Aria asintió de inmediato, tragando saliva.

—Lo entiendo.

Se convenció de que Jayden solo estaba sufriendo. Quizá estaba estresado... quizá su familia lo había manipulado. Bastaría una noche de pasión para que volviera a ser el hombre de siempre.

Siempre volvía a ella.

—Más te vale no arrepentirte después —advirtió Kayden con expresión impasible.

Entonces, sin el menor rastro de calidez, dio la orden.

—Desnúdate. 

~~~♡♡♡~~~

Cuatro horas antes...

Mansión de Jayden y Aria...

—Buenas noches, señora. Esto acaba de llegar para usted —dijo una de las empleadas domésticas, sosteniendo un sobre color marrón entre las manos.

—Oh, déjalo sobre la mesa de centro. Lo revisaré más tarde —respondió Aria antes de volver a concentrar toda su atención en la sala.

El delicado aroma de las velas con esencia de vainilla y las rosas recién cortadas impregnaba la elegante sala de la enorme mansión.

Aria dio un paso hacia atrás para admirar una última vez el resultado de su esfuerzo.

Velas en forma de corazón iluminaban suavemente el piso de mármol. Un camino de pétalos de rosa, rodeado por pequeñas luces titilantes, conducía hacia el comedor, mientras una música lenta y sensual sonaba de fondo.

Sobre la mesa descansaban una cubeta con hielo que enfriaba la botella de vino más exclusiva de su colección y una variedad de platillos que ella misma había preparado.

Aquella noche celebraban su tercer aniversario de bodas.

Tres años que habían sido los más felices de toda su vida.

Aria sonrió con el corazón rebosante de felicidad. No necesitaba que nadie le dijera que había tenido la mayor suerte del mundo el día en que conoció a Jayden Hunt.

El multimillonario y director ejecutivo la amaba con todo su corazón, la consentía sin medida y jamás le había importado que ella proviniera de una familia humilde.

Para los tabloides y la alta sociedad de Manhattan, Aria era la "Cenicienta de Manhattan", pero ella siempre ignoraba los comentarios cargados de envidia. Lo único que realmente importaba era el amor y la aprobación de Jayden.

Gracias a él, su padre y su madrastra ya no se atrevían a maltratarla. Su hermano menor estudiaba con éxito en una de las mejores universidades de Nueva York.

Jayden era su estrella de la buena suerte.

Volvió a mirar la hora.

Ya habían pasado las siete.

Aquella mañana, después de regresar de España, Jayden la había llamado para decirle que solo debía terminar unos asuntos urgentes en la oficina y luego volvería directamente a casa.

Sin embargo, ahora todas sus llamadas iban directamente al buzón de voz.

Intentó comunicarse con James, el secretario de Jayden.

Tampoco obtuvo respuesta.

—Seguro quedó atrapado en una reunión importante —se dijo para tranquilizarse.

No era la primera vez que Jayden llegaba tarde debido a una reunión de emergencia.

—Cuando llegue, voy a darle un buen regaño. Siempre le digo que, al menos, me envíe un mensaje cuando ocurre algo así para que no me preocupe, pero nunca me hace caso —murmuró Aria.

Aun así, la inquietud seguía oprimiéndole el pecho.

Para distraerse, tomó el sobre marrón que la empleada le había entregado hacía un rato.

Lo abrió con cuidado y sacó los documentos que había en su interior.

Las palabras escritas en letras grandes en la parte superior hicieron que la sangre se le helara.

"...ACUERDO DE DIVORCIO..."

Sus ojos se abrieron de par en par, llenos de horror.

Al pie del documento aparecían los nombres "Ariana Gray" y "Jayden Hunt", seguidos por la inconfundible y firme firma de su esposo.

Un jadeo escapó de sus labios.

Las piernas le flaquearon.

Aria cayó pesadamente sobre el sofá mientras todo su cuerpo comenzaba a temblar y los documentos se estremecían entre sus manos.

No...

Aquello no podía ser real.

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