Clara
La vergüenza me envolvió como una túnica. No se me ocurría qué decir. Me quedé quieta en la cama a propósito, fingiendo que seguía dormida, solo porque aún no tenía el coraje de enfrentarme a Calvin. Ayer fue un desastre; prácticamente humillé a quien tanto me quiere y que haría mil por verme sonreír. Quizás si me hubiera dicho lo que planeaba, no habría actuado tan histéricamente.
Me incorporé con un profundo suspiro, preguntándome cuándo entendería que no todos me persiguen, sobre todo