Capítulo 46
—Santiago, suéltame —le repetí, sin levantar la voz—. No quiero hablar. No aquí y mucho menos encerrada la fuerza.
—Por favor, Luisa —susurró—. Perdóname, no puedo más con esto, me muero sin ti ¿Lo entiendes?
Respiré profundo, Lo miré directo a los ojos, me iba a mantener firme en mi decisión.
—Tú me destruiste con tus palabras, Cuando estaba en Europa, atrapada con el imbécil de Mike, lo único que me mantenía viva era saber que tú existías, Que podrías caminar, que te estabas recup