Tras aquella amenaza, Henrick abandonó la recámara de Helena, dejando detrás de sí a dos mujeres que se veían una a la otra, ligeramente asustadas.
—Helena, tenemos que irnos de aquí cuánto antes—insistió Eloísa con aquella idea.
—¡Basta, Isa!—alzó la voz Helena, sorprendiéndola—. Deja de involucrarte, ¿no entiendes que esto no es un juego?—le reclamó sintiéndose enfurecida. Su hermanita no tenía ni idea de dónde se estaba metiendo.
—¿Y entonces qué quieres que haga?
Eloísa no podía creer que