Recién sentada, una mujer de unos treinta años entró con tacones altos. Llevaba gafas con montura negra, dando una impresión bastante seria. Sostenía una pila de carpetas y, al entrar, saludó a Juan de manera proactiva:
—Señor Ramírez, hace mucho que no nos vemos.
Juan levantó la mirada y frunció el ceño, claramente la reconocía:
—Señorita Gil.
Lorena Gil asintió levemente, pero dirigió su mirada hacia Lina, sin ocultar el desprecio en sus ojos:
—Esta debe ser Señorita Torres, ¿verdad?
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