Aunque sabía que no era necesario, Lina instintivamente miró en la dirección del sonido.
Eran viejos conocidos, Juan y Elena.
Comenzó a preguntarse si Santiago no sería un lugar demasiado pequeño.
Elena sostenía la mano de Juan mientras entraban a la tienda, y la escena de la pareja hizo que el corazón de Lina se hundiera repentinamente. Una sensación inexpresable de amargura la invadió, como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento.
Acababa de enterarse de la noticia de que la pareja