Una sala de estudios simple, con estanterías desde el suelo hasta el techo, una mesa grande y una computadora de una marca desconocida; no parecía diferente de lo que me había imaginado.
—Mamá, entra deprisa —le dijo Lucca a Luana.
—Este es su despacho, así que mejor no entro —respondió Luana.
—¡Mamá, ven rápido!
Lucca insistió de nuevo y, junto con los otros tres pequeños, comenzaron a jalar hasta que terminaron por levantar una trampilla oculta en el suelo.
¡Tanto Luana como la tía Maria se q