Alessandro elevou a voz, un brillo penetrante resplandeciendo en su mirada profunda. Rafael, percibiendo la urgencia, añadió apresuradamente a los subordinados:
—¡Ahora, inmediatamente! ¡Localicen a la joven señora y a los niños!
Al escuchar la orden, Alessandro finalmente esbozó una sonrisa de satisfacción. Sin embargo, el desafío era enorme: con los celulares de los niños apagados, encontrarlos en la inmensidad de la multitud urbana era como buscar una aguja en un pajar.
Luana, ajena al caos