Tras salir del recinto, Isabel intentó hacerse la desentendida y corrió en otra dirección. «Ya que no logran encontrarme, no podrán obligarme a pedirle disculpas a ese maldito de Lucca», pensó.
Sin embargo, plantado justo en la puerta se encontraba aquel reportero despreciable de antes. Apuntó su cámara directamente hacia Isabel y le cerró el paso:
—Señorita Isabel, si su intención es ir a disculparse, se equivocó de camino.
Indicó con precisión el rumbo correcto y bloqueó su avance con el prop