Isabel había escuchado desde hacía mucho tiempo sobre las aventuras amorosas de Marcelo. ¡Cambiaba de mujeres más rápido que de ropa! Ese tipo de persona era despiadada y cruel, exactamente el tipo de hombre que ella detestaba. De hecho, la idea de quedarse a solas con él le resultaba repulsiva.
Al ver la expresión de Isabel, Marcelo supuso que ella no creía en la calidad de la comida de aquel restaurante privado.
—En realidad, Alessandro y yo venimos aquí con frecuencia. Para la gente común, re