Todas las suposiciones de Mateus estaban equivocadas.
Lucca y los demás no eran indiferentes; en realidad, estaban extremadamente preocupados. Querían ir a la mina, pero sabían que su tío y sus hombres no se lo permitirían. Por eso, habían planeado escapar en silencio aquella noche.
Matteo y Mia estaban comiendo como si no hubieran visto comida en días, convencidos de que necesitaban energía para la misión. Además, la pequeña le pidió a Carlo que comprara mucha comida deliciosa: todo lo que hab