—Yo también lo creo. Andar por ahí disfrazado todo el día... ¿por si acaso te crees una gran estrella? —disparó el viejo Curie, mirando de reojo a Carlo como se lo estuviera desafiando a responderle.
Carlo ya estaba en sus treinta, pero su apariencia y vestimenta gritaban "veintitantos". Para el patriarca, aquella falta de seriedad en su aspecto era un reflejo de su falta de madurez en la vida.
—Papá, aunque todavía no he causado un impacto global arrollador, soy, como mínimo, un éxito moderado