Camila apartó la mano de su asistente, a punto de estallar de rabia, pero recordó que seguía en plena rueda de prensa.
Forzó una sonrisa y regresó a su asiento, hirviendo por dentro.
¡Aquel mocoso había estado a punto de hacerla quedar en ridículo!
Al ver el rostro sombrío de Camila, Lucca sintió una oleada de satisfacción.
Mujer malvada. No eres la única que sabe actuar. ¡Yo también sé hacerlo!
Esto es por intimidar a mi mamá.
—Está bien, cariño, no llores. Mamá está aquí —dijo Luana en voz ba