—¿Qué? —La empleada dio un traspié; la conmoción hizo que su mano temblara tanto que apenas podía sostener el cúter.
Luana no le dio tiempo a reaccionar.
Levantó la pierna y ejecutó una impecable patada giratoria, derribando la hoja de la mano de la mujer con precisión quirúrgica.
La empleada cayó al suelo, con el rostro cubierto de una profunda angustia. Jamás había imaginado que su acto impulsivo le costaría el empleo y la metería en graves problemas legales.
El asistente ya había llamado a l