En el momento en que la puerta de la suite del hotel se cerró detrás de ella, Chloe se quitó los tacones de un puntapié. Un zapato aterrizó cerca del sofá. El otro golpeó la pared. Con fuerza.
—¡Increíble! —su voz resonó en la lujosa suite.
Hilda se apartó de inmediato. Años de experiencia le habían enseñado una cosa: cuando Chloe estaba enfadada, lo mejor era mantenerse fuera de su línea de fuego.
—Tres años —espetó Chloe—. ¡Tres años enteros!
Lanzó su bolso sobre el sofá y comenzó a caminar d