Durante varios segundos después del disparo, nadie parecía capaz de moverse.
El corredor del hospital había descendido en completo caos.
Pacientes gritaban. Enfermeras se apresuraban en cada dirección. Personal de seguridad perseguía a los atacantes restantes.
El agudo aroma de pólvora permanecía pesadamente en el aire.
Sin embargo para Chloe, nada de ello existía.
Su mundo se había estrechado a una sola persona.
Rose.
Rose yacía inmóvil sobre el piso, su sangre manchando las prístinas baldosas