El pasillo se había convertido en un cementerio de sonidos.
El grito de Daisy aún resonaba débilmente contra las paredes. Hilda tenía la mano presionada sobre su boca, con los ojos muy abiertos por el horror. El guardaespaldas moreno permanecía congelado, cada músculo en tensión, con el sudor deslizándose por la parte trasera de su cuello.
Y en el centro de todo estaba Chloe.
Vestido azul. Tacones negros. Suaves ondas enmarcando su rostro.
Un arma presionada contra su propia sien.
Calmada.
Ater