Parte 3...
— Y parece que tú también – ella apretó los labios — Tener que casarte en contra de tu deseo de recuperar lo que ya debería ser tuyo. Lo siento mucho. Yago se divirtió contándome.
— No te arrepientas — tomó la mano de su esposa — Tu hija es muy especial para mí - apretó los labios.
Nadia la miró con seriedad.
— Me mentiste - declaró con tristeza —Y fuiste tras ese monstruo para pedirle ayuda. Siempre te dije que nunca lo buscaras.
— Lo siento mamá – se sintió desolada — No sabía que