Esa tarde, el abogado llegó a la residencia Cavanaugh para hablar con Matteo en privado. Su conversación parecía lo suficientemente seria como para inquietar a Rose. Había oído que el abogado había llegado y, desde entonces, los nervios no dejaban de atormentarla.
Habían pasado dos horas. Rose caminaba de un lado a otro por el dormitorio, inquieta, mientras su mente se llenaba de especulaciones cada vez más frustrantes. Y seguía sin haber noticias de Romilda, lo que la dejaba aún más confundida