96. Capítulo: Gracias, Sebas.
Verónika despertó con un nudo en el estómago y una sensación de ahogo en el pecho. Se levantó de su cama, solo para ver su rostro reflejado en el espejo. Sus ojos estaban rojos y hinchados, las mejillas enrojecidas por las lágrimas que habían caído sin cesar durante toda la noche. La amenaza de Arthur resonaba en su mente como un eco doloroso. "Tendré la custodia de Sídney" le había dicho con frialdad, y esas palabras eran como cuchillas cortando su corazón.
Ella sabía que Arthur estaba detesta