Por primera vez, Elena se despertó antes que Ryan.
En las tres semanas que llevaban viviendo juntos, nunca había ocurrido.
Había empezado a sospechar que Ryan, en realidad, no dormía del todo.
Como si simplemente redujera un poco el ritmo entre la medianoche y las seis de la mañana... y luego volviera a ponerse en marcha.
Pero aquel sábado abrió los ojos a las siete y cuarto.
El ático estaba en silencio.
Un silencio distinto.
El tipo de silencio que nunca existía cuando Ryan ya estaba despierto