RAVEN
Temblaba tan fuerte que tuve que morderme el labio para evitar que los dientes me castañetearan. El sabor cobrizo de la sangre era lo único que me mantenía despierto.
Tropecé con la raíz de un árbol y caí de golpe sobre la tierra húmeda. No quería levantarme. El frío era una manta pesada que me tentaba a cerrar los ojos solo un minuto.
No. Levántate.
Me obligué a ponerme a gatas, con el pelo rubio cayéndome sobre la cara en mechones empapados y enredados. Gateé hacia un tronco hueco, arra