Clay había pedido macarrones con queso para comer y si me preguntaban, debía admitir que estaban por demás deliciosos con el queso derretido deshilachándose cada vez que tomaba un bocado.
—¿Segura que no necesita nada, señora Vania? —fruncí el ceño ante la forma en la que Diana siempre me llamaba, pero al menos por esta vez decidí dejarlo pasar.
Aparentemente a ellos también se le habían pegado las ideas de Clay de que era solo una invitaba más y no una empleada como ellos.
—Estoy bien, lo pr