Capítulo 36: Refugio y Promesas
Laura
El trayecto dentro de la limusina fue un borrón de luces de la ciudad y del sonido de mi propia respiración entrecortada, que insistía en fallar. Seguía sentada en el regazo de Rafael, con el rostro escondido en la curva de su cuello, sintiendo cómo el calor de su cuerpo intentaba expulsar el hielo que Bruce Davis había dejado en mi alma. El asco era una presencia física, una bilis que me subía por la garganta cada vez que la imagen de aquellas manos invasi