Capítulo 30: El Juego de las Apariencias
Laura
—Llévate tu vestido de vuelta, amigo mío. —La voz de Rafael resonó por toda la sala, cargada de una autoridad que hizo que el aire pareciera volverse súbitamente más denso, casi difícil de respirar.
Se detuvo a mi lado, con la postura rígida y la mirada glacial, marcando territorio de una forma silenciosa, pero absoluta. No necesitó tocarme; su presencia emanaba una posesividad que todos en la estancia podían percibir. Rafael clavó los ojos en Etha