Capítulo 29: Invitación a Cenar
Laura
Todavía estaba jadeando, con las piernas temblando por el intenso placer que acabábamos de compartir contra la puerta del despacho. Pero ya lo conocía lo suficiente como para saber que aquel silencio escondía algo. Cuando lo cuestioné, me sostuvo la mirada con esos profundos ojos grises antes de hablar por fin.
—Tenemos que hablar —dijo con la voz ronca, todavía baja por el deseo.
Parpadeé, confundida, acomodándome el vestido con las manos aún temblorosas.