Debía estar en el piso inferior, en la cocina del fondo, o en el jardín, o en cualquier otro lugar lo suficientemente lejos para que el sonido de mi voz no llegara ni a la mitad del camino.
— Quédate bien quietecito aquí, Leo. La tía Elena ya vuelve. No te levantes de la cama por nada, ¿vale?
Bajé la escalera de la mansión corriendo como una loca, bajando tres escalones de cada vez sin importarme si me estrellaba entera. Resbalé en el último escalón de madera pulida, me agarré al pasamanos de h