La mañana comenzó de una manera completamente extraña y fuera de tono.
No fue mi despertador estridente en el móvil lo que me despertó. Tampoco fue la luz del sol entrando con todo por las rendijas de la cortina de mi habitación. Fue el silencio. Un silencio denso, pesado, extraño y casi ensordecedor. En la mansión Volpi, el silencio raramente significaba paz real; generalmente era el presagio de alguna tragedia doméstica o de una broma pesada entre los hermanos. Los niños solían encender los m