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La mejor manera de controlar mis emociones es cuidar de los niños, absorberme en sus problemas para dejar de pensar en los míos. Decido que voy a devolverle el móvil a Harper. Me siento un poco mal por, en el momento de rabia, haber dejado escapar lo que Harper hizo a Damon.
Respiro hondo y llamo a la puerta. En el tercer toque, finalmente la chica me dice que pase.
La habitación de Harper es como la de cualquier adolescente: un escritorio desordenado con cuadernos, libros y bolígrafos es