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Después de haber pasado un día increíble los dos juntos y solos en la playa estamos regresando a casa, por algún motivo no hemos vuelto a hablar del beso, pero tampoco ha sido necesario, nuestras miradas lo han dicho todo. Al llegar a la casa, abro la puerta, entramos sin decir una palabra y ella de inmediato se sube la escalera para ir a su cuarto. Carolina me mira sentada desde el sofá de la sala y me hace una seña para que me acerque a ella y sin dudarlo, voy hacia ella — hermanito, cuéntamelo todo— me dice sonriente.

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