Mis Hechizos Nunca Fallan

Evelyn contestó la llamada, y la alegre voz de Danielle resonó de inmediato.

—Oye, Muna, ¿adivina qué? El hechizo funcionó. Averigüé dónde vive Raymond y ya se lo dije a Sharon, así que quedamos de vernos en su casa.

—Eso es maravilloso... —dijo Evelyn.

—Dios mío, cielos, perdón, tía Evelyn. Pensé que era Muna la que estaba al teléfono —dijo Danielle tras escuchar la voz de Evelyn.

—Está bien, pero creo que ustedes tendrán que liberar a Raymond por su cuenta, sin Muna.

—Eh... ¿Pero por qué? ¿Dónde está Muna?

—A ella... Se la... —dijo Evelyn con voz entrecortada mientras rompió a llorar de nuevo.

Antes de que su hermana, Caitlin, la madre de Muna y Nathan, y su padre murieran, le habían pedido con su último aliento que no permitiera que su hija cayera en manos de los hombres lobo, pero había fallado. Si tan solo supieran que su hija era la compañera de un Alfa hombre lobo.

—¿Hola? ¿Tía Evelyn? —dijo Danielle al escuchar los sollozos al otro lado de la línea—. ¿Está bien? ¿Le pasó algo a Muna?

Viendo que Evelyn ya no podía responder, Desmond tomó el teléfono de su mano, se lo puso en la oreja y le respondió a Danielle, que esperaba en la línea.

—Se la llevaron los hombres lobo —dijo.

—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? —dijo Danielle impactada, mientras le temblaba la mano.

—Hace un momento... Parece que era la compañera de su Alfa, y no pudimos hacer nada para evitarlo —dijo Desmond, intentando sonar fuerte, aunque en el fondo se sentía destrozado.

—Dios mío, esto no es bueno. Sharon tenía razón sobre el sueño de Muna.

—¿Qué sueño? —preguntó Desmond frunciendo el ceño.

—Muna nos contó a Sharon y a mí sobre su sueño recurrente donde la perseguía un hombre lobo en un bosque oscuro y cómo el hombre lobo se transformaba en un hombre y la llamaba "Mía". Su sueño finalmente se hizo realidad —le contó Danielle a Desmond sobre el sueño.

—¿Por qué nunca nos contó sobre esto? —dijo Desmond y se giró para mirar a su esposa y a Nathan, quienes lo miraban con duda.

—¿Ustedes no lo sabían?

—No.

—Ya veo. Hablo con ustedes más tarde, y dile a Nate que le mando saludos.

—De acuerdo —dijo Desmond, y la llamada terminó.

༺♡༻

Después de que terminó la llamada, Danielle se arregló rápidamente y fue a casa de Sharon.

Había estado despierta toda la noche intentando el hechizo de localización para averiguar dónde vivía Raymond. Había revisado su libro de hechizos una y otra vez para memorizar las palabras, luego encendió velas en círculo, colocó el libro de Raymond en el centro y comenzó a lanzar el hechizo.

—Sectumsempra, Avada Kedavra, Lumos, Expelliarmus, Wingardium Leviosa.

Tan pronto como terminó de pronunciar el hechizo, sus ojos se volvieron blancos y comenzó a flotar en el aire en posición sentada mientras un fuerte viento abrió la ventana de golpe e entró en las habitaciones, haciendo oscilar las llamas de las velas.

Luego tomó un pequeño cuchillo y se cortó la palma de la mano para que brotara sangre, dejándola caer sobre la foto. Después de un tiempo, observó cómo la sangre se juntaba y comenzaba a formar una palabra.

'Calle Holand' fue la palabra que se escribió sobre el libro.

¿Calle Holand?

El apellido de Raymond era Holand.

¿Eso significaba que él era el dueño de la calle?

¿Dónde demonios quedaba eso?

El viento dejó de entrar en la habitación y las ventanas se cerraron de nuevo. Dejó de flotar y sus ojos regresaron a su color original. Todas las llamas de las velas se apagaron, y escribió el nombre de la calle en un papel para que no se le olvidara.

Chasqueó los dedos para que la sangre desapareciera de la foto como si nunca hubiera estado allí, y miró su palma, que aún tenía rastros de sangre, esperando a que sanara.

Finalmente llegó a casa de Sharon, y se fueron en su auto mientras se detenían a preguntarle a la gente en la calle cómo llegar a la 'Calle Holand'. Mientras tanto, Danielle le contó a Sharon, que iba conduciendo, lo que Desmond le había dicho por teléfono.

—Mmm —se limitó a responder Sharon, y Danielle le lanzó una mirada helada.

—¿Qué? —dijo Sharon.

—¿No estás sorprendida?

—No, no lo estoy, porque sabía que algo así le terminaría pasando.

—¿Qué eres? ¿Una vidente o qué? —dijo Danielle cruzándose de brazos, molesta por el hecho de que a Sharon no le importara que su amiga se la hubieran llevado los hombres lobo.

Siempre había sido así: la menos preocupada por las cosas, la más exasperante y tranquila, del tipo mandona pero inteligente.

Sharon se rió entre dientes.

—No soy una vidente, pero ¿no les dije a ambas que el sueño solo podía significar una cosa y ocurrió? Muna no paraba de decir que nunca sería la compañera de un hombre lobo y que solo era un sueño, ¿pero qué pasó? Se la llevó su compañero, que resulta ser un hombre lobo, esta mañana, y ahora estamos en un viaje para liberar a su otro pretendiente de un hechizo mágico.

—Solo cállate si no tienes nada mejor que decir —dijo Danielle.

—¿Qué? Es la verdad.

—Como sea, Sharon.

—Oye... No pienses que soy una mala persona y que no me importa Muna. Sí me importa. Es mi amiga, nuestra amiga, y es como una hermana para mí. Todas veíamos venir esto, pero ella seguía huyendo. Su sueño recurrente era una señal, pero ella no quería creerlo. Incluso intenté decírselo. Intenté decírselo a ambas, pero siempre me callaban y nadie quería escucharme.

—Así que no me culpes a mí. Culpemos a la Diosa de la Luna por emparejarla con un hombre lobo —dijo Sharon y detuvo el auto donde dos jóvenes con ojos rojos estaban sentadas en una banca al lado del camino.

—Hola, disculpen la molestia, chicas, pero ¿serían tan amables de decirnos dónde queda la Calle Holand? —preguntó con una dulce sonrisa en los labios.

Las chicas se miraron entre sí antes de que una de ellas hablara señalando hacia adelante.

—Ya casi llegan. Solo sigan derecho hasta que vean un letrero que dice 'Bloque C', dan la vuelta a la izquierda y verán la 'Calle Holand'.

—Gracias. Eres un amor —dijo Sharon y aceleró.

—¿Viste la mirada que se dieron esas chicas? —dijo Danielle.

—Sí.

—Significa algo.

—Por favor, Elle, no empieces ahora —dijo Sharon, y giró a la izquierda a toda velocidad al llegar a la curva del Bloque C, haciendo que Danielle casi se golpeara la cara contra el cristal.

—Con cuidado, Sharon. Casi me golpeo la cara —dijo mirándola fijamente.

—Lo siento —se disculpó Sharon.

Pronto llegaron al letrero que decía 'Calle Holand', y casi se les salen los ojos de las cuencas cuando vieron una enorme mansión no muy lejos con 'Mansión Holand' grabado en grande.

—¿Él es el dueño de esa mansión? —dijo Danielle, mirando embobada la hermosa propiedad frente a ellas.

—¿Estás segura de que tu hechizo nos trajo al lugar correcto, Elle? —preguntó Sharon.

—Mis hechizos nunca fallan —dijo Danielle rodando los ojos.

—¿Entonces eso significa que Raymond vive en esa mansión?

—No lo sé. Vamos a preguntar.

—¿Estás segura de eso? —preguntó Sharon.

—Vamos. Lo hacemos por Muna, ¿recuerdas?

—Cierto —dijo Sharon, y ambas bajaron del auto y caminaron hacia la mansión.

Pero al llegar, vieron a dos hombres que parecían guardias parados a cada lado de las enormes rejas de la mansión, y ambos tenían ojos rojos.

—Son vampiros como tú —le susurró Danielle a Sharon.

—Y sabes que te pueden oír, ¿verdad? —le susurró Sharon de vuelta.

—¿Estás segura de que Raymond vive aquí? Probablemente vive más adelante y nos equivocamos de casa —dijo Danielle.

—Hola, mi nombre es Sharon y ella es mi amiga Danielle —dijo Sharon, y Danielle saludó a los dos hombres con la mano.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó uno de los hombres.

—Somos amigas de Raymond de la escuela, solo queríamos saber si vive aquí —dijo Sharon.

—El amo Raymond vive aquí, pero hoy no está recibiendo visitas, así que por favor retírense —dijo el otro hombre.

—Eh... Necesitamos verlo ahora. Es importante —dijo Danielle.

—Dije que se retiren las dos ahora mismo —dijo el primer hombre mientras se le alargaban las uñas a modo de advertencia.

—Está bien, está bien, ya nos vamos —dijo Sharon y se llevó a Danielle a rastras de regreso al auto.

Parecía que las cosas no salieron como lo planearon, y no esperaban que Raymond viviera en una mansión enorme con guardias vampiros protegiéndolo.

—¿Nos vamos a ir así nada más? —dijo Danielle.

—No, tenemos que pensar en una forma de pasar sobre ellos —dijo Sharon.

—¿Pero cómo?

—No lo sé.

—No lo entiendo. Quiero decir, son vampiros como tú, ¿por qué no te dejan pasar? —preguntó Danielle confundida.

—No lo sé, Elle. Tal vez porque soy una desterrada —dijo Sharon encogiéndose de hombros.

—Las brujas dejamos pasar a las de nuestra especie, no importa del aquelarre que vengamos —dijo Danielle.

—Bueno, no es lo mismo para los vampiros.

—Espera... Creo que tengo una idea —dijo Danielle.

—Bueno, dime.

—Usaré mis hechizos para controlar sus mentes, y así nos dejarán pasar.

—Haz lo que tengas que hacer. No tenemos tiempo —dijo Sharon, y ambas se giraron para caminar de regreso hacia los guardias.

—Pensé que les había dicho que se fueran —dijo uno de ellos, molesto esta vez.

—Lo sentimos, pero no podemos —dijo Sharon.

—Atápalas, Louis —le dijo el hombre al otro guardia vampiro, quien de inmediato se movió para sujetarlas.

—¡Ahora, Elle! —dijo Sharon.

—Ona Dubious Sendrondium —reitero Danielle un hechizo, y el vampiro se detuvo en seco. Se sostuvo la cabeza con las manos como si tuviera un fuerte dolor.

—¿Y bien? ¿Funcionó? —preguntó Sharon.

—Tal vez —dijo Danielle.

—¿Tal vez?

—¿Quiénes son ustedes? —dijo de pronto el llamado Louis, llamando su atención.

—Venimos a ver a Raymond —dijo Sharon.

—Síganme —dijo, guiándolas al interior de la mansión, y las chicas se sonrieron.

—Funcionó —dijo Danielle soltando una risita.

—¿Qué dijiste? —Louis se giró para preguntarles, y Danielle sacudió la cabeza rápidamente.

—No, nada. No dije nada —dijo sonriendo.

༺♡༻

El Clan del Alfa Jayden...

Muna se despertó lentamente mientras sus ojos se abrían, usó su mano para cubrirse del sol que iluminaba la habitación.

Se sentó en la cama e intentó mirar a su alrededor cuando se quejó de dolor.

—Ah.

Se tocó el cuello dolorido. Le dolía bastante, como si hubiera dormido en una mala posición durante mucho tiempo.

¿Dónde estaba?

Miró la habitación iluminada y la gran cama en la que estaba sentada. Era tan ancha que podían caber cómodamente al menos diez personas, pero sobre todo, era suave.

Sus ojos se posaron en la puerta de cristal que daba al balcón y se bajó de la cama, pisando la suave alfombra roja del suelo.

¿Qué había pasado?

¿Cómo terminó en esa habitación?

¿Dónde estaban la tía Evelyn y el tío Desmond?

¿Dónde estaba Nathan?

De pronto, todos los recuerdos regresaron a su mente, y las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas al recordar cómo la estaba estrangulando el Alfa.

Iba a pagar por lo que le hizo.

De repente sintió sed, pero no había agua en la habitación, así que decidió ir a buscar agua para beber cuando la puerta se abrió de golpe y ella se sobresaltó.

—¿Quién demonios eres? —dijo.

—Disculpa, ¿te asusté? —dijo la persona que entró a la habitación levantando las manos.

—Sí... Quiero decir, no. No has respondido a mi pregunta.

El joven sonrió y luego se puso la mano izquierda en el pecho.

—Mi nombre es Dexter. Soy el Gamma del Alfa Jayden —se presentó, y Muna frunció el ceño de inmediato al escuchar la palabra "Alfa".

—No me importa quién seas. Solo vete —dijo.

—¿Eh? —dijo Dexter.

—Solo vete. No quiero ver a ninguno de ustedes.

—Lamento lo que el Alfa te hizo, pero yo no voy a hacerte daño, ¿de acuerdo?

—¿Y por qué debería confiar en ti?

—Por favor, solo confía en mí.

—No, no confío en ninguno de ustedes, ¡así que vete ahora! —dijo Muna, y Dexter suspiró.

—Está bien, pero por favor, tienes que venir conmigo —dijo.

—¿A dónde?

—El Alfa te pide que lo acompañes a almorzar. Y esta vez lo dejó muy claro: si te niegas, él mismo subirá a buscarte.

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