Selene
No podía creer lo que veían mis ojos. El hombre frente a mí cubría mis labios con su enorme mano mientras Charles buscaba a su hermano en las habitaciones del segundo piso. No sabía con quién corría más peligro. Mi confianza en los hombres no existía, ahora estaba entre dos y debía decidir. ¿Cuál de los dos sería mi salvación?
Por un momento, pensé en gritar, alejarme del hombre lobo, o lo que fuera, y correr hacia Charles. Él nunca me había tocado, pero la sangre de Freud corría por sus