ARDIAN
—No puedo creer que estés utilizando a Melisa para obtener información sobre Dax —dijo Reinhold, cruzando los brazos sobre su pecho, su mirada fija en mí como si fuera un niño travieso al que acaban de atrapar en el acto.
—No es eso, Rein. Es solo… es complicado —respondí, sintiendo que cada palabra que pronunciaba se enredaba en mi garganta. La verdad era que la situación era más que complicada; era peligrosa. Pero, a pesar de ello, era lo que necesitaba hacer para proteger a la manad