LENI
Ardian se queda en silencio, procesando toda la información que acaba de recibir.
—No lo voy a permitir —espeto.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —la suave voz de Melisa resuena por cada rincón de la estancia—. No podrás convencer a Dax de que no lo haga.
—Hablaré con él —me muerdo el labio inferior—. No me puede negar esto.
Melisa frunce el ceño.
—Cuánta seguridad —ironiza.
—No se trata de eso —evito la mirada inquisidora de Ardian.
—Sé que eres importante para Dax, pero esta