LENI
El frío penetrante de la mañana londinense se colaba sigilosamente a través de las rendijas de las ventanas del pequeño departamento que habíamos alquilado.
La decoración era escasa y austera, con paredes que necesitaban una mano de pintura y muebles viejos y desgastados que parecían contar historias de tiempos mejores, épocas que parecían pertenecer a otra vida, a un mundo que ya no existía. Me encontraba sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en la neblina que cubría la