«¡Sí, claro! ¿De dónde voy a sacar el dinero para el orfanato, si no es con ella?».
«Ah, ya veo.» Aleandro bajó la cabeza, mirándola a los ojos verdes. Su cuerpo arrinconó a Yuriel contra el lavabo. Estiró la mano, jugando con los mechones de su pelo que aún goteaban agua.
«Yuriel Scott, ¿hablas en serio?».
«Por supuesto». Yuriel sujetó el ancho pecho de Aleandro, evitando que la arrinconara. Le dolía la espalda contra el lavabo.
«El contrato es sólo por un año, ¿verdad? Cuando termine el perío