Emilia había renacido y las lágrimas se habían secado, pues aun en el dolor tenía la esperanza de que en algún lugar estaba Ángel luchando por su vida y pronto encontraría a ese monstruo. Ella le prometió al pequeño bebé que crecía en su vientre, que sería fuerte para los dos, pero que jamás se dejaría vencer.
—¿Irás a la cita médica que tienes el día de hoy? —su madre interrumpió sus profundos pensamientos.
—Ya he llamado a la doctora y le he dicho que no asistiré. Hoy debería de ser un día es