Ginebra entró en el despacho de Luca con pasos lentos, su caminar tan seductor que parecía una danza calculada, destinada a atraer la mirada de Luca. Cada movimiento suyo estaba diseñado para cautivar, como si supiera que sus acciones despertarían algo dentro de él. Cuando se acercó a él, sus caderas se movían con una suavidad provocativa, y no pudo evitar robarle una mirada furtiva, sonriendo de forma calculada.
—Impresionante, Luca —comentó, su voz suave y cargada de admiración falsa—. La b