Escuché más gruñidos y luego un golpe contra el costado de nuestro auto que nos hizo tambalear de un lado a otro. Jeeves maldijo entre dientes, pero mantuvo la velocidad mientras corregía el volante para evitar que nos volcáramos. Si quisiera, él podría haber trabajado como doble de acción en el cine.
—¡Carajo! —grité en cuanto una cabeza ensangrentada chocó contra la ventana que tenía a un lado. Segundos después, el cristal de la parte trasera estalló. Me agaché para cubrirme de los vidrios y otro impacto contra el auto nos hizo dar vueltas. Esa vez todos gritamos, pero Jeeves hizo su magia para controlarnos en medio del derrape.
—No te muevas de aquí, ¿entendiste? Por nada del mundo. Espera a que uno de nosotros te saque, ¿te queda claro? —me gritó Danny con la mirada desencajada desde el asiento delantero.
—Sí, entiendo.
Me sacudí algunos cristales de encima mientras ellos dos saltaban del auto. Me quedé hecha una bolita junto a la puerta durante lo que parecieron horas, aunque seg