Escuché más gruñidos y luego un golpe contra el costado de nuestro auto que nos hizo tambalear de un lado a otro. Jeeves maldijo entre dientes, pero mantuvo la velocidad mientras corregía el volante para evitar que nos volcáramos. Si quisiera, él podría haber trabajado como doble de acción en el cine.
—¡Carajo! —grité en cuanto una cabeza ensangrentada chocó contra la ventana que tenía a un lado. Segundos después, el cristal de la parte trasera estalló. Me agaché para cubrirme de los vidrios y o