CAPÍTULO 13
Me subo a sus rodillas, lanzo mis brazos alrededor de su cabeza y le doy el abrazo más grande y reconfortante que puedo imaginar.
No me importa si es raro que esté sentada en sus rodillas. Que haya empezado a interesarme por él en un instante. Sé por lo que ha pasado, yo también he vivido la experiencia de los golpes. Siempre he necesitado a alguien que me entendiera, pero, por desgracia, nadie lo hizo. Tengo que tranquilizarlo.
Tampoco puedo dejar que se transforme aquí, se pondría