— ¿Fabián te salvó?— Pregunto. Ella niega. Entonces mi intriga aumenta.
— Fue un hombre. Su nombres es Alan. Lo había visto en una tienda de alimentos al entrar al pueblo. Cuando desperté, me encontraba a lado de una chimenea, dentro de una cabaña. Él me salvó la vida, claro que dejé atrás la pena cuando supe que tuvo que retirarme las ropas congeladas del cuerpo. Le agradecí, mi garganta se inflamó tanto al punto de que no pude hablar por un par de días.
—¿Un par de días? Eso quiere decir qu