Levantaba el vaso y bebía de manera mecánica, dejando que el alcohol se extendiera sin control por mi cuerpo, tratando de olvidar la mirada implacable de Andrea y lo que no debí haber sentido por Natalia.
No podía dejar de pensar en la mirada de Andrea ni en las lágrimas de Natalia.
Me reí con amargura. ¿Por qué el destino tenía que ser tan cruel?
Después de unos cuantos tragos, todo a mi alrededor empezó a volverse borroso, pero la imagen de Natalia se hacía cada vez más nítida.
La vi sentada s