Justo cuando Nigel pensó que ella estaba a punto de ablandarse, el tono de Allison cambió. Se volvió tranquilo y distante.
—Si de verdad quieres hacerme feliz, es muy sencillo. ¿Quieres saber cómo?
Los ojos de Nigel se iluminaron al instante, como un tonto dispuesto a aceptar cualquier cosa con tal de que ella lo pidiera.
Al ver ese brillo en sus ojos, Allison sintió un frío más profundo asentarse en su corazón. Él interpretaba a la perfección el papel de buen hermano. Sin embargo, en su mundo,